Oración a Ntra. Señora de la Esperanza Macarena

Virgen de la Macarena:

a ti reina de Sevilla

remito  miss súplicas;

la de las cinco esmeraldas

dueña  de la madrugada

y de la suerte  taurina.

Tú, que concedes el duende

y el amparo a tus hijos,

mira mis ojos llorando

y concédeme la vida.

Pero no la vida ignorante

que el pecador lleva,

sino aquella llena de letras

y notas  musicales.

Dame  el don  de expresar

por mi mismo  lo que siento

para poder  postrarme ante ti

y mirándote a los ojos,

decirte cuanto  te quiero.

 

Llena esta noche para tus hijos

el cielo andaluz de estrellas

para que sintamos nuestra tierra a través del reflejo

arraigado que se dibuja en el río.

Entra en mi alma

y valora las veces que he pecado

y las ganas  que tengo

de que sean tus lágrimas

las que me transmitan esperanza.

Déjame saborear los placeres de la uva

y ayúdame a distinguir aquellos

que nacieron bajo el suelo

por donde pisó mi estirpe.

Que por eso acudo a ti

Oh, Esperanza Macarena,

porque no solo fuiste para mi

ayuda y consuelo

sino inspiración y gracia.

A ti, que tantas veces recurrí

apenas sin conocerte, y que siempre,

sin excepción alguna,

intercediste por mi

a la hora de darle forma  a un verso.

 

Haz hoy lo mismo ante tu hijo

Nuestro Señor,

y concédeme la bendición

de conocerlo

y de saber, a medida que actúo,

exactamente como lo haría él

o que querría o quiere para mí.

No permitas jamás

que aquellos que representan  tu reino

confundan el camino que me has encomendado

en este universo del arte.

Trae el viento justo a mi capote

y el temple a la muleta.

Dame el poder observador  necesario

como para dibujarte o describirte.

Déjame en este mundo todo el tiempo posible

para, cada día,

profesarte  mi amor a modo de cancionero.

Devuélveme a Andalucía en sueños

si estoy lejos de ella,

y dile que volveré pronto.

Porque ese es mi reino de los cielos,

ya que a ti te sirve de casa.

 

Bendice las manos que te esculpieron

con tanto duende

y concede a todos los que en ti confían cada una de sus súplicas.

AMÉN.

Donación de D. Francisco Aurelio Dávila Rosso. Del libro «Poeta y Andaluz»