Un año más , la Virgen de la Esperanza nos traído a nuestros niños desde el otro extremo de Europa a través de un grandioso puente de construido con mucho cariño.
Gracias a este cariño, tejido día a día durante varios años, nuestros macarenitos bielorrusos, nos han devuelto pero multiplicado por mil, el amor que les ofrecemos.
Ellos vuelven con la salud reforzada y aunque se marchen, forman parte de nuestros corazones, ocupando un lugar en el mismo, muy similar al que ocupan nuestros familiares y amigos.
Gracias a la Virgen de la Esperanza, su ilusión y la nuestra, permanecen latentes durante todo el año .
Es un orgullo para nuestra Hermandad, formar parte de este proyecto maravilloso, en el que se unen el amor, el sacrificio, la salud y la comunión con los necesitados, desde la alegría que Ntro. Padre Jesús de la Sentencia nos ha traido desde el oro extremo de Europa.






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