Un macareno del barrio ha donado un pañuelo cuya guardilla presenta un artístico encaje de Ñanduti, tipología originaria de Paraguay, que debe su nombre a la lengua indígena guaraní (Ñandu: araña; ti: blanca) Esta pieza, realizada mediante la técnica del encaje a la aguja con finos hilos de algodón, conjuga el uso de varios motivos decorativos como el cañoto (motivos radiales) o las bandas de estrellas de cuatro puntas que se unen entre sí en los cuatro vértices mediante las costillas o espinas de pez. La combinación y variada apariencia de todos ellos aportan gran riqueza técnica y visual al pañuelo.
Relacionado con esto, cabe apuntar que el encaje de Ñanduti posee además un alto valor simbólico pues, en muchas ocasiones, los dechados que los componen son la materialización de los sentimientos de sus artesanas, advirtiéndose una mayor proliferación de flores en los encajes realizados por mujeres jóvenes y enamoradas y un uso de cruces o nichos en tejedoras de mayor edad que han perdido a sus seres queridos.
Por ello, el encaje de Ñanduti es considerado como una de las banderas culturales y patrimoniales más destacadas de Paraguay, pues en él se conjugan tradición y artesanía así como el sentimiento de muchas generaciones de encajeras que encontraron en esta labor su sustento vital.
Según María Inés Salinas, Directora del Museo Comunitario del Ñanduti, este pañuelo pudo haberse realizado en torno a los años cuarenta del pasado siglo XX.
Como curiosidad, cabe apuntar que la Virgen de la Esperanza portó en sus manos un pañuelo de Ñanduti cuando se vistió de luto tras la muerte de Joselito el Gallo y que, presumiblemente, le había regalado su padre, Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, tras volver de una gira por América.




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