DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA
Estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Entró Jesús y les dijo: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Exhaló su aliento y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Los discípulos, llenos de alegría, dijeron a Tomás: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: no lo creo. A los ocho días, estando los discípulos y Tomás con ellos, llegó Jesús y le dijo: «trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío».
Por la resurrección de Jesucristo, Dios nuestro Padre, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, una herencia incorruptible.
Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común.
Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.