Los días 18 y 19 de diciembre de 1925 quedaron grabados como una de las efemérides más significativas en la historia de la Hermandad de la Macarena, cuando la Santísima Virgen de la Esperanza se presentó en Besamanos ante miles de fieles que abarrotaron la Parroquia de San Gil, dando inicio a una práctica devocional en las dolorosas que con el tiempo se convertiría en modelo de referencia.
Las crónicas de la época relatan que, a partir de las 20:00 horas, la afluencia fue tan multitudinaria que hubo de ordenarse el cierre del templo, desistiendo finalmente ante la presencia de más de mil personas en las puertas. Se calcula que más de diez mil fieles acudieron a aquel besamanos, entre ellos grupos de jóvenes llegados a pie desde San Juan de Aznalfarache.
Con motivo del centenario de aquella histórica jornada, la Hermandad de la Macarena retorna a la Parroquia de San Gil para conmemorar tan señalado acontecimiento. Para ello, se ha desarrollado un minucioso trabajo de documentación que ha permitido reinterpretar el majestuoso altar efímero de 1925, emulando la disposición original de los elementos que conformaban aquel aparato de cultos, mediante piezas propias de la Hermandad y generosas cesiones de otras corporaciones:
- · Dosel y gradas – Hermandad del Rosario de Carrión
- · Lámparas – Hermandad de la Paz (Sevilla)
- · Lámparas y candelabros del paso de la Virgen de la Encarnación- Hermandad de la Cena
- · Frontal paso de Cristo de 1914 – Hermandad de la Amargura
Enmarcado por un rico cortinaje, el conjunto cuenta con más de cuarenta puntos de luz que configuran el marco perfecto en torno a la Santísima Virgen de la Esperanza, recreando fielmente la atmósfera de aquel histórico Besamanos. Considerando la celebración de la Expectación de la Santísima Virgen, el mensaje litúrgico que quiere transmitir este altar consiste en presentar a Jesucristo muerto en la Cruz enmarcado en este gran dosel que nos evoca a la Santísima Virgen de la Esperanza, cuya advocación primitiva es el tabernáculo del cuerpo vivo de Jesús, que fue entregado para la salvación de la humanidad por Él mismo desde el altar de la Cruz.
Asimismo, para esta ocasión extraordinaria, se ha querido reproducir el atavío que la Santísima Virgen lució durante su estancia en San Gil en 1925. Cabe recordar que, en aquella fecha, Juan Manuel Rodríguez Ojeda se encontraba apartado de las labores de prioste y vestidor de la Hermandad, siendo José Castro el responsable del atavío de la Virgen para tan memorable acontecimiento.
No obstante, esta recreación pretende también rendir homenaje a la figura de Juan Manuel Rodríguez Ojeda y a su decisiva vinculación con la Hermandad de la Macarena, reconociendo un legado artístico que marcó una época y trascendió fronteras en la historia del arte sacro sevillano. Heredero de la impronta de Antonio del Canto y Teresa del Castillo, Rodríguez Ojeda elevó la iconografía de la Virgen de la Esperanza —con manto verde y saya blanca— mediante la búsqueda de la naturalidad y la expresividad, plasmadas en tocados asimétricos y airosos.
Con este espíritu evocador, la Santísima Virgen de la Esperanza se presenta ataviada con el histórico manto camaronero, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que celebra en esta ocasión su 125.º aniversario, acompañado por la conocida saya del arco (Sucesores de Elena Caro, año 2000) y la réplica de la toca de los rombos, realizada por Francisco Carrera Iglesias en 2008.
La Hermandad de la Macarena invita a todos los hermanos y devotos a participar en este piadoso Besamanos y a reencontrarse con una histórica estampa que conecta con las raíces y la memoria viva de la corporación, ofreciendo una oportunidad única para contemplar a la Santísima Virgen de la Esperanza tal y como la soñaron generaciones pasadas, en un marco que evoca la grandeza de la tradición y la belleza de su legado.
📸 Emilio Saénz









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